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viernes, 19 de abril de 2013

JUAN MIGUEL DE ORKOLAGA

P. Juan Miguel de Orkolaga Legarra
No creo que haya ninguna duda, ni siquiera opinión en contra, de que desde un lugar de la costa desde la que se pueda contemplar toda la belleza que encierra el mar (y en concreto nuestro Cantábrico), se tiene la seguridad de disfrutar de un magnífico espectáculo, del olor a salitre y a algas, del sonido del mar cuando las olas rompen contra la costa y se disgregan en espuma blanca y miles de gotas, de la luna reflejándose en sus aguas en las noches templadas y claras del verano; o también en los días de temporal, cuando el mar casi se une al cielo, dando lugar a un paisaje oscuro, casi siniestro. En éstas ocasiones, lo que para unos puede suponer un formidable espectáculo contemplando las fuerzas desatadas del mar, para muchos otros la misma situación tiene connotaciones bien distintas que se traducen en inquietud o en tintes dramáticos cuando se pone de manifiesto el riesgo para las embarcaciones que buscan desesperadamente el abrigo del puerto más cercano.


Las gentes del mar están íntimamente ligadas al tiempo. De él depende salir a faenar o quedarse amarrados al puerto mientras pasa el temporal. También los que buscan en él horas de ocio y asueto en sus embarcaciones de recreo están pendientes de la meteorología, la cual impone aplazar sus pequeñas singladuras para otra ocasión más propicia, o salir tranquilamente a disfrutar de los amplios horizontes con los que nos regala el mar.

Si hay alguien que merezca estar en un puesto más que destacado en los anales de la meteorología española, éste es sin duda el P. Juan Miguel de Orkolaga Legarra, fundador del Observatorio Meteorológico y Marítimo de Igeldo, en Donostia-San Sebastián (Guipuzkoa). Este es mi pequeño y sencillo homenaje hacia su persona para que nunca se olvide su trascendental contribución al desarrollo de las predicciónes de los temidos temporales cantábricos (las galernas). Al haber sido yo un antiguo observador en Igeldo (entre los años 2006 y 2007), el reconocimiento hacia su figura está, por lo tanto, más que justificado. Cuando finalizaba mis observaciones en el jardín meteorológico y ya de vuelta hacia el edificio que alberga el observatorio, muchas veces me quedé mirando el busto del P. Orkolaga que preside el entorno y un sentimiento de admiración hacia su persona salia de lo más hondo de mi corazón, ya que sus avisos salvaron la vida a cientos de arrantzales que en minúsculas lanchas de remos, se aventuraban en el mar en busca del sustento propio y el de sus familias.

El busto del P. Orkolaga preside el jardín meteorológico de Igeldo
Juan Miguel de Orkolaga Legarra nació en la localidad guipuzcoana de Hernani el 13 de Octubre de 1863 y desde bien niño demostró una gran inquietud hacia temas como la geología, la meteorología e incluso la mecánica, siendo así que cuando contaba tan sólo 13 años de edad, dió las primeras muestras del formidable meteorólogo en que se convertiría años más tarde, declarándose contra la influencia que se atribuye para los cambios atmosféricos a las cuatro témporas. Cuando contaba 15 años, se embarcó para la ciudad de Buenos Aires acompañando a un tío suyo y durante la travesía anunció una tarde de tormenta. Esta no tardó en llegar, al anochecer, con fuertes descargas eléctricas acompañadas de granizo. Todos los oficiales del barco y los mismos pasajeros quedaron admirados de lo sucedido.

Permanecío durante un año en el Seminario de Buenos Aires, en donde estuvo cursando Latín, Historia, Francés y Retórica, pero regresó poco después a Europa por motivos de salud estableciéndose de nuevo en su pueblo natal, Hernani. Continuó sus estudios de sacerdocio en el Seminario de Vitoria y finalmente fué ordenado prebístero en el mes de marzo de 1.888. En el año de 1893, aprueba las oposiciones para la canonjía de Vitoria y fué nombrado cura ecónomo de la localidad de Zarautz. El apodo de "Vicario de Zarautz" le seguiría ya durante toda su vida y fué precisamente éste sobrenombre, utilizado de modo despectivo, el que utilizarían sus más encarnizados enemigos para verter sobre él las críticas más duras, mordaces y dolorosas, tratando de desacreditar sus logros más importantes. Opiniones desafortunadas que provenían de personas que creían tener bastantes más conocimientos que "el cura meteorólogo", cuando en realidad era todo lo contrario. (Esto no ha cambiado mucho desde los tiempos de Orkolaga hasta nuestros dias, por desgracia).

En Zarautz construyó un pequeño observatorio de madera y fué entonces cuando se dedicó a estudiar, casi a todas horas, los problemas que presentaba la incipiente meteorología de entonces. No se decidía aún a comunicar públicamente sus predicciones por lo que se presentó a la canonjía de Tarazona (muy cerca del Moncayo, donde pretendía hacer algunas observaciones que comunicaba al director del Observatorio Astronómico de Madrid.

Su momento decisivo llegó el 15 de noviembre de 1900. En aquella fecha sobrevino un gran temporal y preeviendo que podría ocurrir una gran catástrofe, telegrafió con la debida antelación a las Diputaciones de Guipuzkoa y Vizcaya para que éstas avisasen a los puertos. El huracán se abatió sobre las costas cantábricas con una gran fuerza y la prensa de entonces elogió unánimemente a Orkolaga al declarar que, gracias a su telegrama, se había evitado "un dia de gran luto en nuestras costas". Tal fué la importancia del temporal que hasta los vapores más grandes se vieron obligados a retrasar la salida del puerto de Bilbao.


Grabado de la Galerna de la noche de Santa Clara
Desde entonces las Diputaciones de Guipuzkoa y Vizcaya comenzaron a favorecer el P. Orkolaga y meses después decidieron establecer un servicio meteorológico permanente y oficial. De este modo, Orkolaga se trasladó desde Zarautz a Igeldo y comenzó a organizar el observatorio en la casa de campo propiedad de D. Gabriel Diez de Güemes. En el año 1905 se traslada desde la casa del Sr. Güemes a la casa Aize-Eder (Buenos Aires), que se sitúa un poco más al oeste de la localidad de Igeldo, cerca del Mendizorrotz, que fué adquirida por la diputación guipuzcoana y a la que se le agregó una torre. Allí se halla instalado desde entonces, definitivamente, el Observatorio Meteorológico y Marítimo de Igeldo.

El Observatorio de Igeldo a principios del siglo XX
Orkolaga continúa sus actividades y publica sus partes en prensa casi a diario. Es apoyado, sobre todo, por la prensa integrista y duramente criticado por la liberal. Sus telegramas alertadores de temporales llegan a toda la costa cantábrica, desde La Coruña a Burdeos. La Societé Oceanographique du Golf de Gascogne, le distingue con todos los honores; pero son los pescadores quienes le prestan su apoyo incondicional y aprecian más sus avisos.

Era tal la fama de Orkolaga y de su observatorio que incluso la familia real española le honró con varias visitas y con éste motivo es digna de consignarse la que el 25 de julio de 1904, festividad de Santiago, efectuaron la Reina Madre, la Princesa de Asturias y S.A.R. la Infanta Doña Teresa, como así se atestigua en el libro de firmas que se conservaba en el antiguo edificio.

Libro de firmas en el que aparece la visita de la Reina Isabel de Borbón a Igeldo
La verdadera personalidad de Orkolaga se pone de manifiesto en la carta que dirige a la Diputación de Vizcaya cuando le retira la ayuda económica (2500 pesetas anuales) al negarse a establecer el observatorio en el cabo Matxitxako. Esta carta tiene unos párrafos dedicados a la forma de hacer una predicción que muchos de los profesionales de la meteorología actuales suscribirían hoy mismo: 

"En meteorología hacen falta genios inventores que encuentren, por sí mismos, lo que los maestros no les pueden enseñar"."No habiendo títulos académicos para la Meteorologia pura, puede presentarse un Doctor en Ciencias Físicas y Exactas, imbuido en todo cuanto se ha escrito. pero como no tenga más ideas que la divulgadas en los libros y revistas, aunque sea un gran físico y eminente matemático, poco le deberá la meteorología respecto a la previsión del tiempo".

Efectivamente, éste carácter hipercrítico y combativo era el que permitía que un hombre sin estudios científicos aprendiera de sus errores y sus aciertos y superase a muchos hombres con bastantes más estudios que él. En la actualidad ocurre lo mismo (poco ha cambiado todo) ya que se prefieren los "títulos" a la verdadera vocación por la meteorología; el asegurarse una plaza "de por vida" sin tener verdadero interés o afición por ésta ciencia, frente a los que la observación ya casi forma parte de su vida diaria. Así nos van las cosas.

Orkolaga, avezado observador meteorológico, supo ir más alla; estableció relaciones y sacó conclusiones para elaborar una predicción meteorológica, que se cumplía en la zona climática en la que había nacido y crecido. Pero no sólo inventó un sistema particular de predicción para el Cantábrico, sino que también construyó muchos aparatos meteorológicos. Hay que tener en cuenta de que en aquella época apenas existían aparatos para medir las variables y era preciso fabricarlos. No había normas de observación homogeneizadas.

Barómetro construído por el P. Orkolaga
Continúa Orkolaga con su trabajo: Toma datos, hace previsiones y anuncia temporales y galernas, estando todos los días presente en la prensa donostiarra.

Así llega la galerna del 12 de agosto de 1912. Se hunden 15 lanchas; se ahogan 145 pescadores (115 de ellos son de Bermeo); dejan 500 desamparados en la miseria completa.

La tragedia pudo evitarse: Orkolaga había transmitido telegramas a todos los puertos, desde Galicia a Burdeos. Todos los náufragos eran vizcaínos (no hicieron mucho caso de las alertas). No hubo ningún fallecido más en el Cantábrico gracias a los avisos emitidos desde Igeldo.

Llega el año 1913 y con él la instalación de la telegrafía sin hilos. Igeldo fué tambien pionero en la instalación de éste tipo de telégrafo en un observatorio meteorológico. De hecho, una estación de Radio costera existió en el Observatorio hasta mediados de la década de los 80, transmitiendo predicciones para la navegación. Ese mismo año de 1913 se crean los Cuerpos de Meteorólogos y Auxiliares de Meteorología y en 1914 se comienzan a emitir radiogramas desde Igeldo. Estos radiogramas contienen la primera predicción regional del tiempo que se realiza en España.

Pero desgraciadamente Orkolaga fallece prematuramente el 22 de septiembre de 1914, en el mismo observatorio que había fundado, al iniciarse la Primera Guerra Mundial. Tras su muerte es su hermano Pedro quien se ocupa de las observaciones durante cuatro años más. Después de éste periodo parece que siguen haciendo observaciones un sobrino de Orkolaga y el observador Alberdi Bizarreta. Este último, desde niño, había sido ayudante y monaguillo de Orkolaga, el cual le regaló un reloj que aún conserva su hijo Alberdi Arrillaga.

Los restos de Juan Miguel de Orkolaga descansan para siempre en el pequeño cementerio de Igeldo, muy cerca del observatorio


No quisiera dejar pasar la oportunidad que me brinda este blog para reconocer en su justa medida la labor desarrollada en Igeldo por los sucesores de Orkolaga y a las personas que, actualmente favorecen la continuidad del Observatorio y a los observadores que trabajan (y trabajaron) en él. Así, merecen también un recuerdo D. Mariano Doporto, Juan Antonio Landin Allende, en cuya época Igeldo vivió uno de los momentos más cruciales al estallar la Guerra Civil, lo que obligó a trasladar las observaciones a Santander; Carlos Santamaría Ansá, García Polo, Antonia Roldán, Alejandro Alberdi Arrillaga, Alvarez Usabiaga (uno de los más acérrimos defensores de Igeldo y que no permitió que la observación se automatizase, puesto que se fiaba más de la observación tradicional (Ojalá se pensase ahora de igual forma). Usabiaga fué la persona que dirigió el Observatorio en el periodo de las más importantes y rápidas innovaciones científicas y tecnológicas de los años 80 y 90. Igeldo tiene una de las mejores series climatológicas del estado gracias, en parte, a la defensa que de él hizo Usabiaga (la actual delegada de AEMET en el País Vasco sigue, afortunadamente en la misma línea que Usabiaga) Y en épocas más recientes (con la que tuve la gran suerte de coincidir durante mi servicio en el Observatorio), Ana Iglesias Marquínez.

Realizando una observación en el tanque de evaporación en el Observatorio de Igeldo

El Observatorio de Igeldo en la actualidad



BIBLIOGRAFIA:
Martín Giménez, Margarita
(Delegada de AEMET, País Vasco)

Pedro M. de Solaruce
(Blog Paisajes sin cobertura)

 















miércoles, 10 de abril de 2013

JULIO VERNE Y LA METEOROLOGIA

Jules Gabriel Verne nace en la isla de Feydem (Nantes), el 8 de Febrero de 1828. Desde bien pequeño se interesó por la ciencia hasta tal punto que en la primera carta que se conoce, de su puño y letra, solicita un "pequeño telégrafo" a su tía Caroline de Chateauburg para su hermano Paul y para él. De espíritu aventurero, en el año 1839 escapa de su casa y se enrola como grumete en "La Coralie" y es atrapado por su padre en Paimboeuf. Desde entonces comienza a escribir pequeñas historias, pero no descubre realmente el interés literario hasta que una maestra le cuenta anécdotas de la vida de su marido que es marinero. Más tarde la familia de Verne se instala en un apartamento más amplio en la misma ciudad de Nantes y asiste a las clases de bachillerato en el liceo de la misma ciudad.

En 1847 comienza sus estudios de derecho en París, pero la abogacía no es su verdadera vocación. De la mano de su tío Chateauburg, es introducuido en los círculos literarios; allí conoce a los Dumas (padre e hijo) siendo el primero el que ejercerá una cierta influencia en la obra de Verne. Termina la carrera de abogado, pero se enfada con su padre por que prefiere dedicarse a la prosa; por éste motivo su progenitor deja de financiarle. Todos sus ahorros los emplea en la compra de libros y se pasa horas interminables en las bibliotecas: Quiere saberlo todo y su interés por la ciencia va en aumento.


Su primera obra de ficcion científica es también la primera novela que publicó: París en el siglo XX. En 1863 comienza a escribir sus "Viajes extraordinarios", entre los que destacan Viaje al centro de la tierra, De la Tierra a la Luna, Los hijos del capitan Grant, Veinte mil leguas de viaje submarino, La Isla misteriosa, La vuelta al mundo en 80 días ó Miguel Strogoff.

Su vida transcurre entre los viajes y la publicación de sus obras. En sus últimos años y cuando contaba 58 de edad, su sobrino Gastón, de 25 años, le dispara en la pierna con un revólver sin mediar motivo, provocándole una cojera de la que nunca se recuperaría. Tras las muertes de su esposa Hetzel y su madre, Verne escribe obras cada vez más sombrías. Dos años antes de su fallecimiento, aceptó la presidencia del grupo de esperanto de la ciudad de Amiens y se comprometió a escribir una novela en la que ésta nueva lengua tuviese un especial protagonismo. Enfermo de diabetes, Verne muere en Amiens el 24 de marzo de 1905 y es enterrado en el Cementerio de La Madeleine, en cuya tumba se representa al escritor desplazando la losa y saliendo del sepulcro con una mano hacia lo alto y con la inscripción: Hacia la inmortalidad y la eterna juventud.


Viajero y tremendamente interesado por la ciencia, ¿qué relación tiene Julio Verne con la meteorología? En principio ninguna, pero en algunas de sus obras se describen magníficamente algunos de los fenómenos que todos conocemos: huracanes, tormentas tropicales, fenómenos ópticos o tormentas.

En el caso de "Veinte mil leguas de viaje submarino", Verne nos relata uno de éstos sucesos. Un científico francés, su criado y un arponero canadiense son capturados por el Capitán Nemo, comandante del Nautilus, una nave de forma extraña que los navegantes confunden con monstruo marino (un narval). En su cautiverio, el profesor Aronnax, su criado, Consejo y el arponero Ned Land, recorren todos los mares del mundo llegando incluso hasta el polo antártico:

"En efecto, no transcurrió mucho tiempo sin que comenzaran a aparecer unos témpanos de mucho mayor volumen y a medida que íbamos descendiendo más hacia el sur, las islas flotantes aumentaban en número y en tamaño."
"La temperatura era bastante baja. El termómetro, expuesto al aire exterior marcaba de dos a tres grados bajo cero, pero a bordo del Nautilus íbamos todos forrados de pieles, suministradas al submarino por las focas y los osos marinos..." . "A las cuatro de la tarde el capitán Nemo me anunció que iban a ser cerradas las escotillas. Estábamos a 12º bajo cero, pero como el viento se había calmado notablemente, la temperatura no parecía tan baja". Una clara alusión al efecto de enfriamiento que produce el viento.

En su periplo, el Nautilus se acerca a las costas de Long Island y allí, según la novela de Verne:

"El cielo se iba cubriendo progresivamente, presentando todos los síntomas de cuando va a desatarse un huracán. La atmósfera se estaba haciendo más nebulosamente densa a cada momento que pasaba. En el horizonte, los filamentos de cirros eran reemplazados por los nimbo-estratos bajo los cuales otros nubarrones corrían velozmente, mientras que el mar encrespaba su oleaje. Las aves iban desapareciendo y el barómetro había descendido notablemente indicando una fuerte depresión atmosférica. La tormenta estalló justamente cuando el Nautilus se encontraba frente a las costas de Long Island y me es posible describirla porque en lugar de evitarla sumergiéndose en las profundidades, el Capitán Nemo, por un inexplicable capricho, decidió hacerla frente sobre la superficie". .... "El viento soplaba del Sudeste a una velocidad de quince metros por segundo en un principio, pero después, hacia las tres de la tarde, dicha velocidad era ya de 25, cifra denunciadora de las tormentas"...."El Capitán Nemo, impávido ante la creciente violencia del viento, se instaló en la plataforma del Nautilus, amarrándose por la cintura para resistir los furiosos golpes de mar que le azotaban. Yo me uní al él y me até también, compartiendo mi admiración, mitad por mitad, por la tempestad y hacia aquel hombre incomparable que tan audazmente la desafiaba"

A modo de anécdota y sin que tenga nada que ver con la meteorología, el Nautilus también bordeó las costas españolas permaneciendo unas pocas horas en el fondo de la bahía de Vigo. En ésa ciudad existe un monumento dedicado a Verne y a su novela de Veinte mil leguas de viaje submarino:

Monumento dedicado a Julio Verne en la ciudad de Vigo.

En "Viaje al centro de la Tierra", un científico alemán (Otto Lidenbrock),su sobrino Axel y un guía islandés se adentran hacia el interior de la tierra a través del cráter del volcán Snaeffels, situado en el suroeste de Islandia, siguiendo las huellas de un primer explorador (Arne Saknussem) que ya hiciera el viaje varios siglos antes. Su recorrido por el interior de la tierra, a través de enormes galerías y pozos casi insondables les lleva hasta el borde de un gran mar subterráneo que es necesario atravesar para explorar lo que se encuentra en la otra orilla. Para ello los exploradores construyen una frágil balsa con la que se lanzan al descubrimiento de aquella misteriosa masa de agua. En su singladura, no exenta de aventuras, sucede que.

"El tiempo tiende a empeorar. La atmósfera va cargándose de vapores que arrastran consigo la electricidad, engendrada por la evaporación de las aguas salinas. Descienden sensiblemente las nubes y toman un extraño color aceitunado. No hay duda de que la atmósfera se halla saturada de fluido del que yo también me hallo impregnado"..."La balsa permanece inmóvil en medio del océano, un mar completamente en calma, sin oscilaciones. La vela cae pesadamente a lo largo del mástil en cuyo tope veo brillar una luz azulada: el Fuego de San Telmo"..."En poco minutos cambia de improviso el aspecto del horizonte; los vapores acumulados se resuelven en lluvia y el aire se convierte en huracán. Procede de los más remotos confines de la caverna"...."Mientras la lluvia forma una sonora catarata los rayos se mezclan ahora con los espantosos ruidos del trueno; infinitos relámpagos cruzan el espacio en medio de las detonaciones; la masa de vapores se vuelve incandescente. Tan intensa es la luz que mis ojos quedan casi cegados y tan fuerte el fragor del trueno, que casi destroza mis oídos"...."

El texto resultado en negrita se corresponde perfectamente con un fenómeno que tiene lugar en las costas cantábricas, afectando incluso a las del Sur y Suoreste francés. Se trata de la galerna; un fenómeno violento precedido por la bonanza de las condiones meteorológicas y que, subitamente, aparece tras una mañana soleada o en calma. Se trata de una repentina virazón del viento: De un sur cálido y agradable se pasa a un noroeste frio y racheado que pone en serios apuros a las embarcaciones más débiles y que tanto a principios del siglo XX como en el anterior a éste, se cobró muchas vidas entre los pescadores de Asturias, Cantabria y el País vasco.

Al dia siguiente, continúa la terrible tormenta que se abate sobre los exploradores:

"Estamos rendidos de fatiga excepto Hans, nuestro guía, que permanece imperturbable. De improviso aparece a bordo de la balsa un disco de fuego y la vela es arrancada en unión del palo. Ambas cosas, formando un solo cuerpo, salen disparadas elevándose a considerable altura. La esfera de fuego, del tamaño de una bomba de diez pulgadas, oscila velozmente bajo el violento impulso del huracán"..."va de un lado a otro, sube una de las bordas de la balsa, salta sobre el saco de las provisiones, desciende un poco y roza la caja donde tenemos guardada la pólvora...pero el disco se separa; se aproxima a Hans que lo mira fijamente, a mi tío, que se pone de rodillas para evitar su choque; a mí, que palidezco y tiemblo bajo la impresión de su luz y color...y da vueltas en torno a mi pié. La atmósfera está saturada de un olor a gas que penetra en la garganta y en los pulmones. Nos axfisiamos. ¿Por qué no puedo retirar el pié? ¿Se halla clavado en la balsa?. Pronto comprendo el motivo: La caída del globo eléctrico ha imantado todo el hierro de a bordo y los clavos de mis zapatos se hallan fuertemente adheridos a una placa de hierro incrustada en la madera. Logro retirar el pie en el preciso instante que el globo de fuego iba a chocar contra él. Pero ¿qué significa esto? ¡ Qué luz tan intensa ! El globo estalla y nos cubre un mar de llamas."

Este relato del diario de a bordo de aquellos exploradores, hace referencia a la descarga de un "rayo en bola", bastante difícil de ver en la realidad. El rayo en bola surge en las tormentas con mucho potencial eléctrico; flotan en el aire, son llevados fácilmente por el viento reinante y cuando se acercan a un objeto estallan sobre él provocando un fuerte estampido.

El escenario en que se desenvuelve el primer capitulo de "La Isla misteriosa"  se centra en el asedio a la ciudad de Richmon. En plena guerra de secesión americana, en uno de los golpes de efecto que realizó el General Grant para apoderarse de la ciudad, varios soficiales cayeron en poder del enemigo. Puesto que el sitio a Richmond proseguía, el gobernador de la ciudad hacía mucho tiempo que no podía comunicarse con el general Lee. Por eso se decidió la construcción de un globo con el que Jonathan Foster atravesaría las líneas enemigas y se pusiera en contacto con el ejército sudista.

"El dia de la marcha se fijó para el 18 de marzo y se realizaría durante la noche. Soplaba viento del nordeste demediana fuerza, pero éste se convirtió con el paso de las horas en un potente huracán, con lo que la partida de Foster se aplazó hasta que pasase la tormenta"..."Cayó la noche, que era muy oscura. Había niebla y un frío intenso se abatió sobre Richmond. La violenta tormenta había impuesto una pequeña tregüa entre sitiadores y sitiados. Con aquel tiempo infernal las autoridades no creyeron necesario poner vigilancia al globo. ¿Quién hubiera podido imaginar que alguien abandonase el refugio de sus hogares para aventurarse entre la niebla, el agua uy el frio?. Todo favorecía a la partida de los prisioneros".

"Corría el año 1856. Nadie podría olvidar el fuerte viento del nordeste que se desencadenó en el equinoccio de aquél año y durante el cual la temperatura descensió considerablemente. Fué un huracán sin interrupción que duró ocho días y las pérdidas que ocasionó fueron considerables: Ciudades arrasadas, paisajes devastados por verdaderas trombas de agua que caían como aludes, bosques asolados, buques arrojados a las costas, etc.." ...."En el preciso momento en que tantas catástrofes ocurrían sobre la tierra, un drama no menos conmovedor se desarrollaba en los aires. Un globo aerostático, llevado como una pelota en la cima de una tromba y envuelto en el movimiento giratorio de una columna de aire, cruzaba el espacio a una velocidad de noventa millas por hora".

Estos párrafos describen la posibilidad de que los fugitivos se viesen envueltos en un tornado que se desarrollaría como consecuencia de la fuerte inestabilidad del huracán que se narra al principio. Y aunque no es muy posible sobrevivir a la fuerza de éste dantesto fenómeno, sólo cabe echar mano de la literatura para hacer que aquellas pobres gentes saliesen ilesas de aquel embudo de aire en el que se vieron atrapados.

Muchas otras obras de Julio Verne hacen mención no sólo a fenómenos atmosféricos si no también a los ópticos, provocados por la luz solar, como es el caso de "El rayo verde"; o al frio intenso que sufrieron los navegantes en "Las aventuras del capitan Hatteras", o también a las penalidades que soportó el correo del zar, Miguel Strogoff en su misión de llevar un importante comunicado hasta la ciudad de Irkust, en plena siberia, dominada por las tribus kirguises.