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martes, 29 de mayo de 2012

LA GLORIA MATUTINA

Algunas veces, cuando he estado hojeando libros sobre las clases de nubes, me he encontrado con una muy especial. La foto aérea mostraba una nube baja, larga y lisa, con forma como de tubo, que se extendía de una punta a otra del horizonte, muy parecida a un rodillo. El cielo, casualmente, estaba completamente despejado por delante y por detrás de la nube. Esta se había formado sobre un paisaje dominado por la selva y los ríos que corrían tortuosos por el terreno. Podría tratarse de una "nube ola". En realidad el pié de foto explicaba que tenía un nombre propio: La gloria matutina.

La nube sólo se forma en una de las partes más remotas de Australia: la zona del golfo de Savannah, en el norte de Queensland. Cuanto más leía sobre este tipo de nube, más me maravillaba: Me enteré de que la Gloria matutina puede extenderse casi mil kilómetros y moverse a una velocidad cercana a los 60 kms/hora. Más aún: Un pequeño grupo de pilotos recorre miles de millas a través de Australia con la esperanza de encontrarla. Esperan durante los meses de primavera (entre septiembre y octubre), en el minúsculo asentamiento de Burketown donde suele formarse la nube, con sólo una misión: Planear sobre la Gloria matutina.


 El doctor Doug Christie, de la Escuela de Investigación de Ciencias Terrestres de la Universidad Nacional Australiana, es un experto en alteraciones de ondas atmosféricas de gran amplitud. En la década de los setenta, ciertas lecturas captadas en el microbarógrafo del centro de investigación de la citada universidad despertaron su interés. Determinó que la Gloria matutina era causada por ondas individuales de aire muy intensas, que consiguió emplazar en el Golfo de Carpentaria, a 650 kilómetros al norte de Burketown.

Desde que visitó por primera vez ésta población en 1980, Christie ha realizado numerosos experimentos en ésa región y ha dado con la explicación más aceptada para el fenómeno de la Gloria matutina. Según él, la nube se forma en el centro de una enorme ola solitaria de aire, que parece originarse con frecuencia sobre la península del Cabo York, en el extremo nordeste del Golfo de Carpentaria. Esta ola puede viajar como una cresta independiente. Según Doug, es casi seguro que resulta de una colisión de corrientes marinas de aire opuestas sobre el cabo York.




Las condiciones climáticas que hacen aparecer la Gloria matutina son una buena brisa marina soplando todo el dia, la cual llevará consigo una buena porción de vapor de agua y creará una buena "guía de onda". Significa algo así como alisar el aire a lo largo de la ruta por la que viaja la nube, para que sea menos probable que la onda solitaria se quiebre y se disipe al aproximarse a la costa. Cuando todas éstas condiciones coinciden con un sistema de altas presiones sobre la península del Cabo York, está casi garantizado la aparición de la Gloria matutina.
 

domingo, 27 de mayo de 2012

NUBES QUE HACEN RECADOS

Los antiguos poetas de la India siempre consideraban el inicio del monzón una época de gran romanticismo, de forma muy parecida a cómo los poetas románticos veían a la primavera. Las lluvias monzónicas traen consigo el alivio del infernal calor del verano hindú, hacen revivir los jardines con abundantes colores y fragancias e inspiran a los pavos reales salvajes a iniciar sus extraños rituales de apareamiento. Los mensajeros que anuncian semejante transformación no son otros que los cumulonimbos, los cuales les ha granjeado un lugar especial en los corazones hindúes. Este hecho nunca ha sido más bellamente expresado que en un poema del más importante de los poetas en sánscrito, Kalidasa, escrito en algún momento entre el año 50 a.C. y el año 400, d. C.

Se llama "Meghaduta", que significa "la nube mensajera" y en él se habla de un "yakhsa", uno de los semidioses, responsable de guardar los tesoros y jardines pertenecientes a Kubera, el dios hindú de la riqueza. Ese yakhsa cuyo nombre desconocemos no había cumplido bien con sus obligaciones (quizá había olvidado cerrar bien el almacén de joyas de inimaginable valor del dios, pero no lo especifica), de manera que su señor le echó una maldición: Lo desterró de su hogar en el Himalaya y lo obligó a pasar un año sólo en los montes Vindhya del centro de la India.

Vagando sin rumbo de una ermita a otra entre las montañas, el yakhsa no tenía más que hacer que suspirar por su esposa allá en su hogar y contar los solitarios meses que le quedaban para volver. Cuando llevaba ocho meses de exilio, advirtió un oscuro cumulonimbo aferrado a la cima de la montaña. Sólo podía significar una cosa.
 
 

El yakhsa sabía que era en la estación del monzón cuando los hombres viajeros regresan con sus esposas y la visión de aquella nube intensificó aún más su anhelo. Al percatarse de que el viento del sur arrastraría la nube en dirección a su hogar en el Himalaya, decidió pedirle que le llevara un mensaje a su amada esposa:

"...Tú eres el refugio, oh nube de los afligidos...Llévale por tanto a mi amada un mensaje mío, separado como estoy de ella por la ira del Señor de la Riqueza.
Cuando aparezcas en el cielo en toda tu magnificencia, qué otro hombre, cuya vida no dependa de otro como la mía, podrá desatender a su esposa, afligida por la separación..."
 
Le dio a la nube indicaciones detalladas para llegar hasta su ciudad natal en el norte. Le señaló en que rios del camino podía detenerse a beber y le sugirió qué cumbres montañosas podia abrazar para descansar. El yakhsa le describió con lirismo las escenas que encontraría la nube en su viaje. En la ciudad de Ujjayini, por ejemplo, vería muchachas bailar en el santuario de Shiva y al sentir caer las primeras gotas de lluvia alzarían las miradas con excitación, pues sabían que sus amados no tardarían en regresar.

"...Sin duda el rostro de mi amada, apoyado en su mano, con los ojos hinchados por llorar en exceso, con el labio inferior de otro color por la calidez de sus suspiros y sólo parciualmente visible porque el cabello despeinado caerá sobre él, tendrá el mísero aspecto que tiene la luna cuando tú te interpones y ocultas su luz..."

Advirtió al nubarrón que no asustara a su esposa, sino que la despertase con una fina brisa, que la refrescara con su gotitas y que se asegurase de que los rayos quedasen sofocados en su interior. Le pidió que la consolara con truenos suaves, que le dijera que no renunciara a esperarlo, pues la maldición que lo tenía separado de ella no tardaría en acabar. Una vez transmitido el mensaje, la nube sería libre de alejarse flotando y disfrutar del esplendor de la temporada de lluvias.

El yakhsa de Kalidasa se despide del cumulonimbo con un deseo: Que la nube mensajera nunca tenga que sufrir la cruel separación de su amado consorte. El rayo.